Levantando a la Próxima Generación de Líderes
Honrar el pasado es esencial. Celebramos los sacrificios, la fe y la pasión de los pioneros que nos antecedieron; su fidelidad de ayer inspira nuestra obediencia hoy.
¿Pero cómo honramos la fe del pasado y, a la vez, preparamos a la próxima generación de pastores, misioneros y ministros que proclamarán el evangelio en el futuro?
1) Poner la Misión por encima de los Métodos
Los métodos son la manera en que hacemos ministerio: nuestras tradiciones, programas y preferencias culturales. Son buenos, pero no son sagrados. La misión, en cambio, es eterna: Alcanzar a los que están lejos de Dios y hacer discípulos (Mateo 28:19). Cuando los métodos se vuelven más importantes que la misión, confundimos lo temporal con lo eterno.
Jesús vivió esta tensión. Nunca permitió que las costumbres o expectativas humanas lo distrajeran de Su propósito: buscar y salvar a los perdidos (Lucas 19:10). Sanó en día de reposo, y pasó tiempo con los marginados. El método cambió, pero la misión se mantuvo intacta.
Levantar a la siguiente generación de líderes hispanos implica capacitarlos para aferrarse a la misión mientras innovan en los métodos. Esta generación necesita saber que tiene permiso para usar métodos diferentes, con el propósito de seguir alcanzando a quienes no conocen a Cristo.
2) Anticipar el mover actual de Dios
Sin darnos cuenta, podemos caer en lo que podríamos llamar una mentalidad de museo. Los museos preservan la historia; muestran artefactos del pasado cuidadosamente protegidos detrás de vidrio; son un reflejo de lo que fue, guardianes de las victorias pasadas, en lugar de ser participantes del movimiento actual de Dios.
Preguntemos “¿Cómo podemos cumplir mejor la gran comisión hoy?” Si somos intencionales al crear espacios donde los jóvenes puedan soñar, desarrollarse e incluso fallar, sin miedo a ser juzgados por hacerlo de manera diferente, veremos un crecimiento exponencial en el número de líderes jóvenes que se interesen por el ministerio, la iglesia, las misiones y el pastorado.
Vamos a impartir el fuego pentecostal que nos distingue, formando jóvenes que amen la Palabra, que valoren la oración y que vivan llenos del Espíritu.





